El fuego de tu juventud nos llevó a Corrientes. Donde la vida en escenas de espejos siembra y comparte un año febril. Con tu muerte por conocer, con tu necesidad por cambiar, con ese vicio de querer saberlo todo; así te defines.
--Los hombres no lloran, matan. --citabas a tu madre. Lo indicabas mientras besabas las cicatrices de otro aguacero detrás del edificio donde vivo y bajo los ojos tristes de un guardia tuerto. Bañabas tu cuerpo en lágrimas de ángeles. Entre risas y miradas citabas textos al azar. Borges y sus ruinas no salían de tu cabeza.
-Ven a mojarte -me decías temblando de frío.
-Te vas a enfermar -te respondí de espaldas al cristal de una puerta.
–Sí, pero enferma por el llanto de seres alados -decías en mis brazos, secando tu pelo con el mío. Con una taza de café quemando tus muslos me contabas los meses que habitarían en tu frente. Tu boca me llenó de sabor otra vez…, y una vez más me veo sentado en el piso. Ya dejé de soñar. Estás integrada al encuentro. El espacio fue invadido por la realidad. Un color diferente agoniza en mis ojos. En un momento de alegría estás cerca de mí. Algunos cuerpos, una sombra dibujada en la vía de tu regreso: las únicas fronteras.
con la pintura de tu inocencia trazaré sobre las nubes mi mensaje. Espero que un día después de besarlo y compartir juntos la turbada canción que sonará en la radio perenne que llevas en tu cabeza, escuches mi voz partida por el presumir de tus anillos, magullando:
Después del encuentro, el ruedo de las horas nos roba el poco tiempo que disponemos para ubicar un punto al final de esta oración que hemos construido.
De regreso a la desesperanza
Llego a la escuela después de haber partido la ciudad en dos con mis pies. Hoy no hay clases, alguien olvidó comprar el combustible para la planta de emergencia. Todo el recinto está en tinieblas. Algunos están sentados es las oscuras escaleras. Otros fueron hasta la entrada, a recordar, talvez, el tiempo donde el hombre no dependía de la tecnología para aprender. Allí prepararon la academia del atardecer.
--Los hombres no lloran, matan. --citabas a tu madre. Lo indicabas mientras besabas las cicatrices de otro aguacero detrás del edificio donde vivo y bajo los ojos tristes de un guardia tuerto. Bañabas tu cuerpo en lágrimas de ángeles. Entre risas y miradas citabas textos al azar. Borges y sus ruinas no salían de tu cabeza.
-Ven a mojarte -me decías temblando de frío.
-Te vas a enfermar -te respondí de espaldas al cristal de una puerta.
–Sí, pero enferma por el llanto de seres alados -decías en mis brazos, secando tu pelo con el mío. Con una taza de café quemando tus muslos me contabas los meses que habitarían en tu frente. Tu boca me llenó de sabor otra vez…, y una vez más me veo sentado en el piso. Ya dejé de soñar. Estás integrada al encuentro. El espacio fue invadido por la realidad. Un color diferente agoniza en mis ojos. En un momento de alegría estás cerca de mí. Algunos cuerpos, una sombra dibujada en la vía de tu regreso: las únicas fronteras.
con la pintura de tu inocencia trazaré sobre las nubes mi mensaje. Espero que un día después de besarlo y compartir juntos la turbada canción que sonará en la radio perenne que llevas en tu cabeza, escuches mi voz partida por el presumir de tus anillos, magullando:
Lento ha sido el proceso,
mucho más lento el resultado
me quedo corto en la intención
de regresar tu pasado.
Ahora, eres también calma que arrastro a mí.
en esta ciudad culminada siempre en lo perdido
entre el camino
largo,
oscuro,
hasta las infinitas luces de la espera.
Después del encuentro, el ruedo de las horas nos roba el poco tiempo que disponemos para ubicar un punto al final de esta oración que hemos construido.
De regreso a la desesperanza
Llego a la escuela después de haber partido la ciudad en dos con mis pies. Hoy no hay clases, alguien olvidó comprar el combustible para la planta de emergencia. Todo el recinto está en tinieblas. Algunos están sentados es las oscuras escaleras. Otros fueron hasta la entrada, a recordar, talvez, el tiempo donde el hombre no dependía de la tecnología para aprender. Allí prepararon la academia del atardecer.
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