Texto original de:
"Schrödinger's cat is alive"
by La Petit Claudine (Marta Peirano)
Echando un vistazo a las novedades de cafepress, veo que hay muchas camisetas dedicadas al Gato de Schrödinger, especialmente para chicas. Y en Think Geek.
Como probablemente están ya hartos de meterse y de revolcarse con
perfectos desconocidos en la playa, les propongo una pequeña incursión
en la teoría de la mecánica cuántica. Por pasar el rato.
El gato de Schrödinger no es como el perro de Pavlov, una mascota
que se hizo famosa despues de ser puteada por un científico. El gato de
Schrödinger es un gato imaginario, lo que -como comprobarán más
adelante- es un alivio para los amantes de los animales y para el
propio gato. La paradoja, creada por el propio Schrödinger, sirve para
describir un pequeño desarreglo en la teoría cuántica cuando pasa de
sistemas subatómicos a sistemas macroscópicos. A grades rasgos, la
fábula va tal que así:
Metemos (imaginariamente) a un gato en una caja de acero con una
cápsula de gas letal y una partícula radiactiva. La partícula es tan
pequeña que en una hora podría desintegrarse... o no. Hay un 50% de
posibilidades de que lo haga y otro 50% de que no. Pero, si lo hace, el
proceso disparará un sistema que romperá la cápsula venenosa y pondrá a
nuestro gato a dormir ... para siempre. Ahora bien, cuando esa hora
haya pasado, según la teoría de la mecánica cuántica, esta partícula
será una superposición de las dos posiblidades (partícula
desintegrada/partícula no desintegrada) y el gato será a la vez gato y
cadaver de gato. O dicho de otra manera, estará al mismo tiempo
exáctamente vivo y exáctamente muerto. Y no hay manera de salir de la
paradoja hasta que alguien levante la tapa. Chaaaaaaaaaaaan!
Desde que Schrödinger publicara esta metáfora en la revista alemana Ciencias Naturales
en 1935, se han desarrollado millones de teorías a partir de la
tragedia de este gato imaginario (y unas cuantas versiones paralelas en
las que el veneno se convierte en comida y el gato está hambriento en
lugar de criando malvas). Una de las más famosas, la Teoría de
Copenhague, establece que los fenómenos cuánticos necesitan la
presencia de un observador para, sencillamente, existir. A mi esta
teoría me parece egocéntrica, vanidosa y aburguesada. Como lo de el
árbol que se cae en el bosque y nadie lo ve ni lo oye. Pamplinas. Y
luego está la de Hugo Everett que es mi favorita. Everett es el de los múltiples universos paralelos. Me van a comparar.
Hay quien dice que el "El Jardín de senderos que se bifurcan" (PDF)
de Borges, publicado en 1941, se anticipa de manera prácticamente
literal a la tesis doctoral de Everett, publicada en 1957, con el
título Relative State Formulation of Quantum Mechanics. Pero ya nos estamos desviando del tema original. Por favor, sigan leyendo.