21 sept 2004

Santo Domingo

Lento, no correr siempre, ese es el impulso que tenemos, sin entender que caminando es como el hombre ha construido todo. Caminando con energía, no dejándose envolver en esa carrera hacía la nada.
--Ya llegamos al espacio ¿Dejaremos de volar más alto?
--Sería inútil, no hay nada más allá Silvia.
--Eso te han hecho pensar con la competencia desenfrenada.
--Ahora comprendo, Borges te enseñó eso también.
Hoy no corro a favor del viento, muerdo los bordes de esta ciudad, y me detengo para interrogarme, cómo pudo sucederme esto, si guardo cualquier intención en el mismo lugar que mi prudencia.
Esquivé la presencia y vista de los demás para tocar tus manos. Ahora estamos sentados, esperando por tu autobús. Me dilapido observándote, no te das cuenta de mi intención. La activa curiosidad alquiló un espacio en mis ojos que persiguen cada detalle de ti: tus ademanes, tu figura que anida los sueños y como te vuelve nueva bajo el sol. Continúo observándote ahora más distante, me pregunto si realmente me entiendes, o prefieres pensar que estoy confundido. Me dices que todos nos miran diferente; ese es tu miedo.
Te escucho despedirte, pero no respondo, me hago dueño del silencio y me repito: no estaré aquí otro día. Mientras me quedo pensativo por minutos con la vista fija en la nada. El ruido carrasposo de los automóviles me saca de mis conclusiones. Hace mucho que partiste. Todos tus miedos habían pasado a mi lado dejándome con la compañía de un pensamiento. Decidieron extasiarse y me invitaron a ser nuevo. Ya cuando la soledad me huía, decidí moverme de allí. Tardé una hora en llenarme de ánimo y subir la vista, una hora más en levantarme, deleitándome en esta inutilidad.
La calle, con su violencia eterna, me arremete y aplasta, dejándome sorprendido por la regularidad: parejas abrazadas, la sangre de accidentados en las aceras. No entiendo como elegí quedarme, si pude ser feliz en otra ciudad, en otro país talvez. Teniendo el frió como animal que muerda y destroce los recuerdos de mi infancia. Mi virtud se limita a conocer cada rincón de esta ciudad.

12 sept 2004

Invitaciones a Gmail.com

Tengo seis invitaciones a cuentas de Gmail.

Las re-queridas cuentas.

Si deseas una dímelo ahora


Actualizado
24-09-2004
Seis más
Invitación

Vertical

Cada día, Santo Domingo se aleja de los pueblos

A sus lados crecen otras ciudades

como extremidades,

alas marginales

También allí

la honda miseria

se expande

hasta alcanzarlo t o d o

incluyendo este texto.

10 sept 2004

Mis Haikus -tres-

Escritos el 15 de mayo 2004
1
ser tu espera
es igual a perder
con premio

2
sé que amaste
si no lo recuerdas
soy memoria

3
con tus sueños
alimentaste mi ser
agradecido

6 sept 2004

La Memoria de mi Hermana

Las dos niñas

Queridísima Lissette:

Sabes perfectamente la opinión que sostengo sobre las mujeres y la memoria, siendo más especifico: sobre tu memoria. Hemos caído varias veces en discusiones solamente por establecer la versión de un suceso, por imponer nuestra historia.

Casi no te escribo, desde que me diste tu e-mail te he enviado tres o cuatro documentos: Una dieta, Fotos de los perritos, Saludos, Cómo estás… Esta vez utilizaré tu correo para un mejor propósito, te contaré aquí las cosas que sé no recuerdas y estableceré la crónica exacta de los sucesos.

La intención de ser madre te hace ligera la culpa de ser amnésica. Regresas lúcida a caminar por los pasillos de tu casa. Tu esposo te ven crecer cada día bajo el sol. El cristal de tu signo recupera brillo cada segundo entre los brazos de tus hijos. !Eres madre! Poco a poco vas a remplazar nuestros recuerdos de infancia por los rostros y ocurrencias de esos angelitos que hoy tengo la suerte de ser su tío.

Las reuniones familiares tienen un fin, convocar allí los cuentos que todos deseamos olvidar. Hablarás de mí, narrarías los sucesos más embarazosos de mi niñez. Pero algunas escenas no tocarás. Talvez no hablarías de las dos niñas que se nos acercaron en la playa el segundo día de nuestras vacaciones en Juan Dolio.

Llegaron arrastrando madrugadas a preguntarnos si sabíamos la hora. No entendimos para qué una niña querría saberlo; a esa edad el tiempo no importa. Se libraron del cuento cuando nos propusieron acompañarnos, rodearon tu silla de playa y antes de responderles ya la confianza entraba por sus manos acariciando tu pelo y confesándote lo bello que era, claro que no le creías el allante; esa mañana me habías comentado lo mucho que necesitabas ir al salón. Pero ellas estaban determinadas a ganarse tu buena voluntad, a imperar en tu ánimo para verte así quebrando tu moral.

Las niñas no parecían hermanas; una tenía el pelo rubio, más bien desteñido por el sol, la otra era un carboncito que se había escapado de un fogón cuando más ardían las llamas, porque el fuego aún vivía en su cintura. La más grande –la rubita- tenía en los labios una sutil deformación, sólo cuando habló notamos su defecto. Lo notamos más cuando te confundieron con una extranjera y la niña de labios juguetones balbuceo algunas palabras en un inglés sucio y de consonantes arrastradas. La segunda acercó sus perfectos labios a tus oídos: te dijo algo, abriste la boca y tus ojos se agrandaron, perdiendo la proporcionalidad en tu rostro, ya no eran tus ojos, era la mirada de sorpresa más cómica que he visto. Mientras la escuchabas movías despacio la cabeza, escuchabas algo y lo rechazabas. Cuando ella unió sus manos y señaló a su compañera, tu cabeza recuperó agilidad y murmuraste: no, no, no. Mirándome luego gritaste ¡no! Las niñas se alejaron tomadas del brazo, tu exclamación no las asustó. Creo que una sonreía por tu reacción, ¿o sonreía yo? La Segunda cojeaba, aunque sus pies parecían sanos.

Elegiste llegar a la casa para enterarnos aquello que las niñas pretendían, sentados en la sala, estábamos a la espera de tu versión, yo había introducido el tema con la mía, la adorné con los instantes más salerosos, tú, demasiado avergonzada, narraste los últimos momentos:

--La niña acercó su rostro al mío y apartando el pelo que separaba mis orejas de su boca dijo:

“Sé hacer trenzas, lo aprendí hace poco, mi hermana también. Pero tienes el cabello muy bonito, así está bien. ¿Deseas que hagamos trenzas? Con las piernas, me refiero.”

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